domingo, 6 de diciembre de 2009

De Fred Hampton a Chagui Mari Pesquera

Fred Hampton

Hace años, en 1980 exactamente, estudié en Nueva York. Por alguna razón me fasciné con la literatura afroamericana. Leí cuanto cayó en mis manos de Richard Wright y Web Du Bois, y seguí de cerca todo lo que tenía que ver con los Black Panthers, Martin Luther King y Malcom X. Nada me impresionó más que el asesinato de Fred Hampton a manos del FBI, un hecho ocurrido el 4 de diciembre de 1969. Siete años más tarde, seguido de un patrón distinto, le arrancan la vida a Chagui Mari Pesquera, el hijo mayor de Juan Mari Brás.

Hampton tenía 21 años, Chagui 23. Se me ocurrió entonces --era 1980--, sin pruebas, que los esfuerzos descomunales que el FBI tuvo que hacer para encubrir el vil asesinato de Hampton (sorprendido en su cama en compañía de su esposa embarazada de ocho meses) sería lo que obligó a esta agencia a modificar los mecanismos para liquidar sus "enemigos".

En realidad, lo que separa la experiencia de Hampton y Chagui es lo que los une. A partir de aquella incursión torpe en un barrio pobre de Chicago, a la vista de varios testigos y con varios sobrevivientes, el FBI comenzó a descartar sus actuaciones violentas unilaterales. El asesinato de Chagui en Puerto Rico apunta, en efecto, a un diseño criminal pensado y ejecutado a partir de otro esquema, esta vez mediante una gerencia de personas desequilibradas, el apoyo económico y la garantía de poder actuar con total impunidad. Eso explica que más de 300 atentados contra el independentismo en la década de 1970 no hayan producido una sola convicción.

Los asesinatos de Chagui, Carlos Varela, Antonia Martínez, Ángel Charbonier, Rafael Caballero no alcanzaron la prominencia de las muertes del caso Maravilla en 1979, lo que nos lleva a un "turning point". (Y debe recordarse que en este último también se ha documentado la presencia del FBI).

El balance de muertes y violencia sobre la izquierda y el movimiento obrero en la década de 1970 fue de tal magnitud que legó sólo dos opciones a los años ochenta: una rectificación por parte de las agencias federales y, sobre todo, del gobierno de Puerto Rico, en cuanto a desistir de la persecución violenta del independentismo; y, para desgracia del país, una izquierda incapaz de reconstituir su carisma y su potencial organizativo para presentarse como una alternativa viable en el país.

El FBI hizo excepción con Filiberto Ojeda Ríos en el 2005, a quien entrampó y ejecutó sin perder de vista cierta teatralidad para justificar su acción directa. El independentismo por su parte dio muestras de sus reservas valiosas en la lucha contra la Marina y las vuelve a dar en la lucha contra el neoliberalismo fotuñista, pero sin acceder a las perspectivas de gran movimiento social como en los años setentas.

Recomiendo que vean este reportaje sobre Fred Hampton que hace Amy Goodman en su programa Democracy Now!. Y, claro está, que visiten el sitio dedicado a Santiago Chagui Mari Pesquera.

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